Saharauis: el pueblo que todo lo da y lo comparte

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Farouk Batiche – AFP

Fuente y fotos: La Tinta / Por Leandro Albani

La Tinta habló con Luz Marina Mateo, investigadora argentina, magíster en Relaciones Internacionales y autora del libro Decires nómadas. La lucha del pueblo saharaui por derribar el muro del silencio.

Luz Marina Mateo supo desde pequeña quiénes eran los y las saharauis, y qué lucha sostenían entre sus manos. Como afrodescendiente e integrante de la comunidad de Cabo Verde en Argentina, para la hoy magíster en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) el Sáhara Occidental se transformó en “una historia que atraviesa toda mi vida”. Así le cuenta a La tinta en una entrevista que tiene como eje su excelente libro Decires nómadas. La lucha del pueblo saharaui por derribar el muro del silencio, publicado el año pasado por la editorial Prometeo.

“No olvidemos que Cabo Verde fue colonia hasta 1975, por lo cual mucha gente de mi comunidad estaba atenta a los procesos de descolonización que se estaban llevando a cabo en África, incluyendo el del Sáhara Occidental”, resume Mateo.

En Decires nómadas, la también licenciada en Comunicación Social presenta una investigación detallada sobre el devenir de los y las saharauis, su resistencia histórica ante la ocupación de su territorio por España, hasta que la colonización pasó al Reino de Marruecos.

Conocedora del terreno por donde se mueve el pueblo saharaui (desde los campamentos de refugiados en Tinduf, en el sur de Argelia, hasta el territorio histórico liberado y gestionado por el Frente Polisario), Mateo desarrolla una investigación precisa, de lectura ágil y que no deja ningún punto o conflicto por analizar.

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Luz Marina Mateo, autora de Decires nómadas

Vivir en la hostilidad del desierto

En los tiempos donde cursaba la Maestría de Relaciones Internacionales, Mateo tomó contacto con representantes de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y, posteriormente, como secretaria del Departamento África del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP, impulsó la creación de la Cátedra Libre de Estudios sobre el Sáhara Occidental, que es única en el mundo.

Para la autora, la principal motivación para construir Decires nómadas fue que la situación de la sociedad saharaui es “un caso de descolonización inconclusa y una lucha silenciada, pese a tener todo el derecho internacional a su favor, partiendo del principio de autodeterminación de los pueblos”.


La historia del Sáhara Occidental es la historia de la colonización europea en África, en este caso, encabezada por el Estado español. Con la retirada de España del territorio, en octubre de 1975, la monarquía marroquí ocupó el rol de fuerza ocupante y represora. Esa política sistemática de Marruecos, basada en los crímenes, las violaciones de los derechos humanos y el expolio de los recursos naturales de una tierra que no le pertenece, tiene al Frente Polisario como la vanguardia de la resistencia.


El Sáhara Occidental es un territorio ubicado sobre las costas africanas del océano Atlántico, tiene una extensión de 284 mil kilómetros cuadrados. El pueblo saharaui, conformado por un millón de personas, se encuentra repartido en tres partes. Pese a las divisiones impuestas, todos y todas exigen la autodeterminación y el respeto de sus derechos. La ocupación ilegal de Marruecos desencadenó que miles de saharauis tuvieran que exiliarse; otra parte, refugiarse en los campamentos de Tinduf y el resto vivir en su territorio originario bajo la represión de las fuerzas de seguridad marroquíes.

En esta historia de despojo, pero de lucha constante de un pueblo, Mateo puso sus sentidos más profundos. “Su valentía. Su constancia. La capacidad de sobrevivir y luchar tras 46 años de refugio en la zona más hostil del desierto”, enumera la investigadora al ser consultada sobre cuáles fueron los descubrimientos que más la impactaron al conocer al pueblo saharaui.

En mi visita a los campamentos de refugiados, también pude experimentar la enorme hospitalidad de ese pueblo que todo lo da y lo comparte –remarca-. Son gente solidaria y alegre, a pesar de todo lo que sufren y de que ya hay dos generaciones (y hasta tres) nacidas y viviendo en esas condiciones deplorables y sometidas a la crudeza del colonialismo y la colonialidad: expulsados de su territorio, con sus derechos humanos vulnerados y a la espera de que se haga justicia”.

Valientes, aguerridas, admirables

Decires nómadas aborda dos temas centrales en la historia del pueblo saharaui: el rol de las mujeres como organizadoras de la sociedad y la relación –casi desconocida- de ese pueblo con América Latina, principalmente porque su segunda lengua es el español.

Sobre las mujeres saharauis, Mateo analiza que en el Sáhara Occidental “no se puede escindir la lucha por la liberación del pueblo de las reivindicaciones feministas”. “Sí puedo decir que -sin ahondar en datos históricos-, ya desde sus orígenes nómadas, ellas quedaban a cargo de todo mientras los hombres se ausentaban por prolongados períodos en busca de agua y alimento para el ganado”, relata.

“Con la colonización española, vino el sedentarismo –agrega la investigadora-. Sin embargo, en 1974, con anterioridad a la ocupación de su territorio, se creó la Unión Nacional de Mujeres Saharauis, que sigue existiendo hasta hoy. Al comienzo de la guerra de liberación y la huida al refugio en el desierto, fueron las mujeres las que armaron las tiendas habitables y se hicieron cargo de quienes por edad o enfermedad no podían estar en el campo de batalla. En poco tiempo, tuvieron a la población escolarizada y a la sociedad organizada política, económica y administrativamente”.

Mateo sintetiza: “Valientes, aguerridas y admirables. No se trata de romantizar o idealizar, ya que también se debe reconocer que, aunque ocupan desde siempre cargos en el gobierno y son respetadas dentro de su sociedad, el patriarcado existe y se ve. Ellas también llevan adelante una lucha feminista y de deconstrucción de ciertos paradigmas socioculturales”.

“Argentina debería reconocer a la RASD”

Al referirse a la relación con América Latina, dice que es “muy estrecha”. “En mi primer libro referido al tema, indagué particularmente en la relación entre México y la RASD, cuando se habían cumplido 35 años de relaciones diplomáticas ininterrumpidas, y hablé en él sobre los lazos culturales con América Latina. También hay referencia a eso en Decires nómadas”.

Cuando profundiza sobre el tema, Mateo explica que “la primera relación es que el Sáhara Occidental fue (‘es’ de iure) colonia española, como la mayoría de los pueblos latinoamericanos. Además, el saharaui es el único pueblo árabe-africano hispanohablante. El español se enseña como segunda lengua en las escuelas y muchas producciones literarias y audiovisuales las realizan en español. Ellos y ellas no reniegan de la lengua del colonizador, porque la emplean como herramienta de lucha, para hacerse oír en el mundo”.


“Otra de las cosas en común que tenemos es nuestra historia de conquista, expolio de recursos naturales y violaciones de derechos humanos que incluyen desapariciones forzadas, ‘vuelos de la muerte’, fosas comunes, torturas y tantas otras cosas que nuestra región vivió, por ejemplo, en la década de 1970 del siglo pasado”, indica.


“Es por eso que en América Latina hay 27 países que reconocen a la RASD –detalla-. Algunos de ellos, por cuestiones relacionadas con intereses y cuestiones de poder (no de derecho internacional), han congelado relaciones diplomáticas, pero muchos otros no. Argentina no reconoce a la RASD. A mi criterio, debería reconocerla. Hace pocos días, en Honduras, la vicepresidenta Cristina Fernández dijo en conferencia de prensa en la Universidad Nacional Autónoma que el objetivo de los movimientos populares y nacionales es el mismo de siempre: la autodeterminación de los pueblos. El gobierno argentino debería ser coherente con ese principio y con esas declaraciones de la vice-jefa de Estado, y reconocer a la RASD, como lo hizo con Palestina. Esto sería -además de un acto de justicia y un aporte a la paz- una oportunidad de encontrar una excelente puerta de entrada al continente africano, con un pueblo que habla el mismo idioma que nosotros”.

El ensordecedor silencio internacional

El conflicto desatado en el paso fronterizo de El Guerguerat, el 21 de octubre de 2020, fue el punto culminante para el Frente Polisario y el pueblo saharaui en general. Ese día, un grupo de civiles saharauis bloqueó el paso fronterizo con el objetivo de frenar el tráfico ilegal de mercancías y, como lo denunció el propio Frente Polisario, drogas, ya que la utilización de esta brecha de territorio de apenas cinco kilómetros por parte de Marruecos incumple los acuerdos alcanzados en el marco de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Al mismo tiempo, los y las saharauis esperan desde hace 30 años que la ONU lleve a cabo un referéndum para que los propios pobladores del Sáhara Occidental decidan si están de acuerdo o no con la creación de un Estado independiente.

Por esta razón, la situación actual “es complejísima”, apunta Mateo. “Han vuelto a las armas contra Marruecos desde noviembre de 2020. La ONU, en 1991, impulsó un cese del fuego con la promesa de realizar un referéndum de autodeterminación en el que el pueblo saharaui pudiese elegir libremente su destino. Ese referéndum nunca se realizó”, destaca.

“En ese marco, se designaron varios enviados especiales del Secretario General de la ONU para intentar destrabar el conflicto entre las partes: Marruecos y el Frente Polisario –cuenta la investigadora-. Hay decenas de resoluciones que llaman a negociar para encontrar una solución y exhortan a cesar con la ocupación, pero nada de eso ha dado resultado, lo que lleva -sobre todo a las generaciones más jóvenes- a descreer del derecho internacional y de los organismos internacionales”.

Por otra parte, recuerda Mateo, “la RASD es miembro fundador de la Unión Africana, donde firma tratados y tiene la misma participación que cualquiera de los otros 54 estados que conforman el continente. Es más: hasta hace poco tiempo, la representante saharaui SueilmaBeiruk fue vicepresidenta del Parlamento Panafricano”.

“El pueblo saharaui está siendo víctima de un gran absurdo jurídico y político, con la complicidad de España y Francia, y el ensordecedor silencio de gran parte del mundo –finaliza Mateo-. Aquí no se trata de ‘tomar partido por uno u otro’. Se trata de hacer cumplir el derecho que los mismos estados construyeron, como fruto de sus relaciones de poder. Nadie puede saber cómo terminará todo esto. Lo deseable sería que triunfe el derecho internacional por sobre cualquier otro interés. Lo posible escapa a cualquier pronóstico”.

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