El limbo diplomático de Jadiyetu El Mohtar

En entrevista en los estudios de La República TV durante su primera visita

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Fuente y foto: La República / Por Juana Gallegos

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Jadiyetu El Mohtar, representante del pueblo saharaui, tiene dos semanas en el aeropuerto Jorge Chávez. Ha venido del África, dice, para reunirse con el Presidente. Migraciones asegura que no tiene estatus diplomático y no la deja entrar al país. Esta es la crónica de su resistencia.

Ayer por la mañana, Jadiyetu El Mohtar Sid Ahmed fue desalojada de la oficina de Migraciones del Aeropuerto Jorge Chávez, lugar que ocupó por más de quince días, durmiendo en un sofá, sin tomar ducha alguna y siendo custodiada a toda hora por un guardia que la vigilaba hasta para ir al baño.

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Personal de Migraciones sacó sus pertenencias de la oficina, y ahora ella permanece en uno de los pasadizos del aeropuerto resguardada por policías. Dice que no se moverá. No ha probado bocado alguno ni lo hará: “Me quieren dar alimento pero no me lo darán en el piso, no soy un perro”, dice desafiante del otro lado del hilo telefónico.

El periodo de convivencia pacífica entre ella y el personal de Migraciones ha terminado. El Mohtar viene de la lejana Sahara Occidental (África), así lo evidencia el melhfa que viste, el atuendo típico de las mujeres saharuis. Se resiste a abandonar el aeropuerto y volver a su país pues asegura haber sido enviada por el presidente Brahim Gali de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), en calidad de embajadora, para cumplir con una agenda pactada con la cancillería peruana y, además, reunirse con el presidente Pedro Pablo Kuczynski.

Jadiyetu El Mohtar afirma que “durante la toma de mando del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, en mayo pasado, PPK estrechó la mano de mi presidente acordando que le envíe un emisario para restablecer las relaciones diplomáticas. Ese emisario soy yo”.

Sin embargo, ha salido a su encuentro la Superintendencia Nacional de Migraciones que asegura que la ciudadana saharaui no es reconocida como diplomática y, además, pretende entrar al país haciendo uso de su pasaporte de turista. Es la razón que esgrimen para desalojarla. De esa forma es que desde que Jadiyetu puso un pie en suelo peruano, el nueve de setiembre pasado, ha empezado un tira y afloja legal que no sabemos en qué terminará.

Su caso ha despertado reacciones en varios congresistas. Hay quienes la apoyan y consideran su caso como una violación a los derechos humanos como Marisa Glave e Indira Huilca (Nuevo Perú), y hay quienes la quieren devolver a su país como los congresistas de Fuerza Popular Rolando Reátegui y Cecilia Chacón, quien en un tuit dijo que la representante saharaui “miente y se victimiza descaradamente”.

Jadiyetu, por su parte, maleta en mano, espera una decisión final. Hace poco dormitaba como podía en la oficina de Migraciones, ahora se ha parapetado en el piso del aeropuerto sin intención de moverse.

Se enciende la alerta

Para reconstruir esta historia kafkiana tenemos que decir que es la segunda vez que El Mohtar pisa el Perú. En una primera visita, que se extendió del 10 de junio al 18 de agosto de este año, ingresó en calidad de turista.

Hay que aclarar que tiene doble nacionalidad, la española y la saharaui. La primera le corresponde porque su país, al igual que el Perú, fue colonia española. Eso explica, además, su castellano fluido.

A su primer arribo, El Mohtar pasó sin problemas los controles migratorios mostrando su pasaporte de turista. Durante su permanencia cumplió una serie de actividades sin problemas: fue invitada al Congreso para conmemorar un aniversario de la firma del Acta de la Independencia, viajó a Junín y participó de un desfile por la batalla independentista, vino a este periódico y dio una entrevista.

Este habría sido el error que, según fuentes de Migraciones, la puso bajo la lupa: “Desarrolló acciones propias de un diplomático sin tener el reconocimiento de esa condición, cometiendo así una infracción a la legislación migratoria vigente”.

Ella asegura que con el pasaporte de turista ha entrado como embajadora en misión hasta a Israel. “A donde he ido a mostrar mi solidaridad con los palestinos”, dice.

Esta segunda vez, Migraciones la tenía fichada. A sus investigaciones sumó un informe de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, presidida por el fujimorista Juan Carlos del Águila, que sostenía que “la citada había usurpado el cargo de embajadora durante su estadía”.

Al otro lado de la línea telefónica, breve y acalorado, el congresista Rolando Reátegui, quien sostiene que la RASD “no existe” y que “no está reconocida por la ONU ni por nadie” (aunque son 82 países los que validan su existencia y el 20 de agosto de 1984 el Perú la reconoció como estado soberano) afirma que El Mohtar “no puede pasar a hacer campaña política”.

-¿Considera que hacer campaña política es asistir a un acto de la batalla de Junín?, le pregunto.

– ¿Usted sabe qué es el Frente Polisario?, responde desviando la pregunta, a lo que agrega: “Yo no le conozco a usted, no sé quién diablo es”, y acto seguido cuelga el auricular.

Es evidente el cargamontón que el fujimorismo le ha hecho a la representante saharaui quien esta vez, al pasar los controles y mostrar su pasaporte, fue sorprendida por una alerta roja, una llamada que se activa en casos de personas que han alterado el orden público.

Desde esta redacción nos preguntamos si asistir a eventos como los citados equivale a poner en peligro la seguridad nacional.

La injusticia del Sahara

En Lima hay más simpatizantes de la causa saharaui de lo que podemos imaginar. Son grupos de abogados, periodistas, intelectuales y estudiantes que se juntan para compartir y difundir información.

La periodista Verónica Suchero se sensibilizó por la historia de este remoto pueblo y produjo un programa de radio por internet: “Así es como lo marroquíes maltratan a los saharauis, esto sucedió hace poco”, dice mientras muestra un video en el que se ve a soldados golpeando a mujeres vestidas igual a Jaditeyu.

Para comprender por qué la mujer que permanece en Migraciones no se quiere mover veamos qué historia quiere que conozcamos: “En el desierto del Sahara aún se viven las atrocidades de una guerra”, dice.

Cuando España dejó el Sahara Occidental, este territorio fue ocupado en 1975 por el Reino de Marruecos, que –atraído por las minas de fosfato– empieza una persecución sin piedad contra los saharauis. Capítulos de horror hablan del bombardeo con napalm y fósforo blanco contra la población que huyó a refugiarse en campamentos.

Ocupado el territorio fue dividido por un muro de 2.700 kilómetros de extensión. Se quebraron familias. “De un lado del cerco, sembrado de minas antipersona, viven secuestrados medio millón de saharauis que no pueden salir. Del otro lado, los que huyeron, formaron campos de refugiados que son extensos poblados donde viven unos 165 mil saharauis. Estos son los campamentos más antiguos del mundo, tienen más de 40 años de existencia”, dice Jadiyetu.

Esta mujer consiguió fugar de la ocupación marroquí a los 14 años y se internó en un campo de refugiados en territorio liberado. Atrás dejó a su familia: “Hace 42 años que no sé nada de mi madre ni de mis hermanos, ellos se quedaron al otro lado del muro”, dice. En esos asentamientos de improvisadas tiendas de campaña, en medio de precariedad, nacieron sus tres hijos. Es aquí que ha hecho una carrera como activista, potenciando los valores de las mujeres, siendo miembro de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis.

Durante la semana, esta líder árabe ha recibido mensajes de solidaridad a través de las redes sociales de gente que desde Ginebra, Madrid, Berlín se ha unido con el hashtag #TodosSomosJadiyetu.

Para ella, estar en la zona de vuelos internacionales es un riesgo. “Significa salir de territorio peruano, la sala de Iberia está enfrente y aumenta el peligro de que me obliguen a subir al avión a la fuerza”, señala.

No se moverá hasta que el juez decida otorgarle o no el hábeas corpus solicitado por su abogado. Solo así podrá ingresar al país sin ningún tipo de resistencia.

Jadiyetu tiene pendiente la solicitud de la visa diplomática en el Consulado de Perú en España. Fuentes de la Cancillería sostienen que “no tiene estatus diplomático y que ingresó con pasaporte de turista española la última vez”.

Está en el limbo. Y aunque el personal de Migraciones la intimide grabándola o dejándola sin un lugar para dormir, dice que permanecerá en el país todo el tiempo que sea necesario.

“Desarrolló acciones propias de un diplomático sin tener el reconocimiento de esa condición”, dice Migraciones. “Hace 42 años que no sé nada de mi madre ni de mis hermanos, ellos están al otro lado del muro que levantó Marruecos”, dice Jadiyetu El Mohtar.

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