México y la RASD: 35 años de relaciones diplomáticas y lazos culturales (II)

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Por Luz Marina Mateo (entrevistas, redacción y fotos), desde México DF*

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“…El titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias…”

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Cap. III, Art. 89, Inc. X.

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Esta es la segunda entrega de un extenso trabajo que publicaremos en tres partes, en las que reflejamos, de palabra de sus protagonistas, los 35 años de relaciones ininterrumpidas entre México y la República Árabe Saharaui Democrática. El mismo es fruto de largas horas de entrevistas realizadas en la capital mexicana a dirigentes políticos, diplomáticos, académicos, artistas, periodistas, intelectuales y miembros del movimiento asociativo prosaharaui. 

En la primera parte, hemos realizado una breve introducción histórica sobre esas relaciones diplomáticas forjadas en épocas de auge de las independencias y el derecho de autodeterminación de los pueblos, cuando el Sáhara Occidental pasaba de luchar contra el colonialismo español a dar una nueva lucha contra los colonialismos mauritano y marroquí -primero- para, hasta hoy, continuar trabajando por volver a su tierra ocupada. Continuamos, entonces, compartiendo palabras de protagonistas.

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Parte II

Protagonistas de la academia, el arte y el periodismo

Pocos años después de la retirada de España del territorio saharaui, México reconocía a la República Árabe Saharaui Democrática, la cual el pasado 27 de febrero conmemoró el 39º aniversario de su proclamación. Esa relación a ambos lados del Atlántico, contó con artífices en todas las áreas: la academia, el arte y el periodismo fueron algunas de ellas. Es así como Ofelia Alemán García, Luisa Huertas y Blanche Petrich reflexionan sobre el pasado y el presente en relación con la causa saharaui y nos relatan sus experiencias.

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Desde la academia, la figura del gran Jesús Contreras Granguillhome, a través de su discípula, la Prof. Ofelia Alemán García. 

Jesús Contreras Granguillhome fue un intelectual mexicano de gran talla (fallecido en 2011), especialista en África, fundador del Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y sociales de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Se destacó como docente e investigador y fue autor de varios libros sobre África, entre los que hemos de destacar en este espacio “La independencia del Sahara Occidental (un país nace en el desierto)”, que data de 1983. Años antes, en 1976, fue el fundador del “Comité Mexicano Saharaui”: la primera manifestación de movimiento asociativo de amigos del Sahara Occidental en México. Su interés por la justa causa saharaui lo llevó a publicar, además, un cuadernillo titulado “México apoya al pueblo saharaui en su lucha por la independencia total”. Quienes lo conocieron aseguran que no es recordado como realmente se merece y que su obra no ha tenido la difusión y trascendencia debidas. Por ello, les presentamos aquí la palabra de su discípula quien, además, conserva parte de la obra inédita de Jesús Contreras.

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O. Alemán García en la embajada saharaui en méxico

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¿Cómo conociste al Prof. Jesús Contreras?

Yo estudiaba Relaciones Internacionales e ingresé a su Cátedra porque era el único africanista no africano que impartía la materia de África en la Facultad. La carrera de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, nació sin una parte del mundo, que es África; entonces, gracias a Jesús Contreras se instaura esa Cátedra y, posteriormente, él empieza a generar cuadros, gente que se interesa en impartir esa materia, siendo él el titular.

¿Y por qué tu interés por África?

No tenía ninguno, como cualquier persona que no tiene cultura sobre los países africanos. Pero era una materia obligatoria… sin embargo, yo quería tomarla con los mejores profesores y me inscribí con él. La primera clase me gustó y me espanté, porque el maestro sacó un mapa y a todos nos empezó a hacer preguntas tan exquisitas sobre el continente africano, que nadie contestó, empezando por mí. Saqué cero el primer día y dije: “¡Virgen santa! ¡No sé cuáles son los afluentes del río Congo ni dónde está el lago Victoria!” Así comenzó este amor por la Cátedra… él era muy estricto… En ningún momento manifestó su interés por el Sahara Occidental: nadie lo supo hasta mitad del semestre. De un grupo de sesenta, habremos sobrevivido como unos quince. Y de la forma de impartir clases, del conocimiento de sus libros, fue como me enamoré de su Cátedra. Más tarde me permitió colaborar con él; los últimos cinco años en los que estuvo dando clases, lo asistí de mil amores en todas sus actividades y fue entonces como empezó esta relación con el Sahara y con todo lo que Jesús Contreras implica para el Sáhara en México.

¿En qué período estuviste con él desde que fuiste alumna hasta que pasaste a ser colaboradora?

Desde 2001 hasta 2005, que él dejó de dar clase y tuvo una operación que lo obligó a permanecer en una cama con una depresión terrible que lo llevó a la muerte. Estuve apoyándolo de la manera que podía pero quedaron libros, escritos, artículos sin publicar…

¿Y qué pasó con ese material inédito?

Una parte la tengo yo y algunas cosas están en resguardo de su viuda, María Luisa Garza, quien está a punto de jubilarse. Pero mucho de su biblioteca, lamentablemente, está desaparecido por cuestiones familiares. Gran parte del acervo lo conservo yo a manera de temario, copias, escritos… una bola de papeles. Pido que por favor traten de rescatar la biografía y la bibliografía de Jesús Contreras Granguillhome, porque él escribió el primer panfleto en México y a este país, para los años ’70 -con la CEPAL [Comisión Económica para América Latina y el Caribe] en boga, un modelo de sustitución de importaciones y una economía anterior a la crisis- se le conocía como “La cabeza del león” y tuvo mucho auge y repunte en América Latina. Y él era un africanista, un indio zapoteco loco, enamorado de su país y consternado por la pobreza de su Oaxaca, que se dio cuenta que había gente más pobre y más necesitada: los africanos.

Tu trabajo respecto del tema del Sahara, ¿se ha desarrollado?

No tengo nada específico escrito. Lo que he hecho es conocer la causa y estar con ellos. En algún momento, cuando tuve la oportunidad de incidir en la Facultad, he apoyado para que den alguna conferencia o se dé a conocer el embajador, a nivel de relaciones públicas. Ahora que estoy trabajando para el semanario político que es muy importante en México, la revista Siempre!, he tenido la oportunidad de darle difusión al Sáhara. Hay proyectos que están en el tintero y esperamos ahondar más, académicamente hablando.

¿Qué pasó con la materia de África en la Universidad tras el fallecimiento de Jesús Contreras?

Nada. La materia de África se quedó perdida sin el Dr. Contreras. Ha quedado un “sucesor” que es un africano mas no un africanista. Además, ha quedado repartida en una pugna interna política-académica en la Facultad, muy cerrada. Quedó también el proyecto de creación del Centro de Estudios Africanos. Tengo grabada “con letras de plata” en mi corazón, la opinión de un exdirector de la Facultad: “¿África? Pero África solamente puede ser estudiada como un fenómeno sociocultural”. La situación en México tal vez es ardua e insensible por una cuestión de cultura, por un exacerbado nacionalismo añejo, malentendido, xenofóbico… pero África no trasciende, no ha podido salir y sigue luchando. Por eso, el trabajo de Ahmed [Mulay Ali, embajador saharaui en México] es mucho más valioso: tanto el de él como el de sus antecesores. El trabajo de Jesús Contreras queda valioso pero olvidado… no hay gente que se interese por el continente.

¿De qué manera se puede revertir eso?

A través de las relaciones públicas, los medios, la apertura de blogs… dar a conocer los temas de África poco a poco. A nivel político necesitamos una gran “palanca” en nuestro país, para que podamos avanzar en una sensibilización hacia los estudios africanos.

¿Cuál es tu opinión sobre la actualidad de la causa saharaui?

Es una tragedia que el mundo esté viendo una acción colonialista en pleno siglo XXI. Las barreras, las fronteras en el mundo de la democracia, de las libertades, de la economía digital, en el mundo sin fronteras de los derechos humanos… que tan abiertamente tengamos una situación colonial y de invasión tan cercana, tan afín a la causa mexicana y que seamos tan insensibles, que estemos realmente con los ojos en otro asunto; la causa saharaui en México creció iniciada por Jesús Contreras a través de algunos alumnos… miles de semillas fueron sembradas y muy pocas han brotado en tierra buena. Me parece que, de todos los embajadores, el que ha hecho un gran trabajo diplomático es Ahmed, porque ha tejido una cantidad de redes sociales en México que no ha sido fácil: tiene que ver con su carisma, su personalidad, inteligencia, humildad y muchísimo tiempo invertido, para llegar a tantísimas personas. Se ha metido hasta los confines del gobierno mexicano y eso ha fortalecido y ha ayudado a sensibilizar a la gente (al menos a una parte de la ciudadanía mexicana) hacia la causa saharaui.

¿Cuál debería ser el papel de las Universidades latinoamericanas y caribeñas respecto de la causa saharaui?

Pienso que los grandes cambios se inician en las Universidades, que son centros de cambios de paradigmas, de creadores de nuevos esquemas de pensamiento y de grandes libertadores. Por las Universidades han pasado los grandes libertarios de nuestra América, los libros, las ideas que han llevado a revolucionar al mundo. Entonces, el papel de la Universidad es fundamental en el acercamiento no solo hacia el Sahara sino hacia cualquier otro conflicto. Los que tengan el prodigioso orgullo de asistir a una educación superior deben ser conscientes de que son una milésima parte en el mundo, la élite del pensamiento político de su país, de su comunidad. Y todos tenemos una misión histórica y milenaria: en ese sentido, que cada quien se dedique a lo que sea llamado con humildad de entrega y servicio como tú lo haces, como muchos estudiosos… A partir de allí, con un solo libro que salga publicado, por ejemplo, a favor del Sahara, con un blog que se abra, miles de personas lo van a leer y esos miles lo darán a conocer a otros y así se va tejiendo la cultura en el mundo. De no haber causa saharaui en las Universidades, de no haber estudios africanos, África es como si no existiera. Podría surgir alguien amateur… pero de manera profesional, no… el papel de las Universidades y, sobre todo, el de los profesores, es fundamental. Yo, como cualquier alumna, con la mente en blanco, vi mi vida cambiar por completo gracias a la estrategia didáctica de un profesor. Basta una sola persona, un profesor que pueda realmente tocar el corazón y la conciencia de unos cuantos. Por su Cátedra han pasado miles y te aseguro que por ahí hay bastantes tesis y gente que conoce África desde otro punto de vista.

¿Cuál creés que será el futuro del conflicto saharaui?

Yo lo he pensado mucho y lo he debatido con Ahmed en tardes desveladas de café… Tengo varios escenarios. Te voy a decir el de mis sueños. Que otorguen la independencia. Que Marruecos salga y punto. Me imagino un memorándum de la ONU diciendo: “Fin al conflicto saharaui”. Tengo una imagen con el presidente, la gente… “Se acabó; ahora sí vamos a dedicarnos a nuestro proyecto de nación, no más”. Y seguir adelante con la cultura saharaui. Ese es mi ideal.

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Luisa Huertas, sobre los saharauis: “Un pueblo de una enorme fortaleza y claridad ideológica en cuanto a cuáles son sus objetivos”. “La vida es antes y después del Sahara”

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L. Huertas, antes de ingresar a un ensayo en la Casa de la Compañía Nacional de Teatro, en Coyoacán

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En el terreno artístico, hemos buscado la palabra de la célebre actriz y docente mexicana Luisa Huertas, quien inició su amistad con el pueblo saharaui aun antes del reconocimiento oficial estatal. Mujer de amplia trayectoria, nos enseña con su voz pausada, suave y profunda, cómo el arte y la política pueden y deben ir de la mano, comprometidos en lograr un mundo más justo.

¿Es cierto que su relación con el pueblo saharaui comenzó aun antes del reconocimiento de México a la RASD?

Así es. Fue en 1977, cuando vinieron los dos primeros saharauis a México. Las cosas han cambiado mucho desde esa época pero, entonces, los mandó precisamente Felipe González a buscarnos a nosotros, que estábamos en lo que era el Partido Socialista de los Trabajadores. Allí, uno de los cuadros dirigentes era un compañero cuya madre había sido una importante diputada del PSOE (hijo de refugiados) y ahí se hizo toda esa primera relación. Por supuesto, nosotros orientamos a estos dos representantes del Frente Polisario: Bujari Ahmed, que sigue como representante del Polisario en Nueva York y otro compañero que yo conocí como Bilal pero que sé que tiene otro nombre. Nosotros les hablamos muy directamente, diciéndoles: “nuestro partido es de oposición, les podemos ofrecer solidaridad pero ustedes tienen que hablar con el partido en el gobierno y lograr el reconocimiento del gobierno mexicano”. A partir de ese momento, el que era mi partido (digo “era” porque ya no existe), les ayudó a que vieran gente y empezamos a hacer propaganda sobre el Sahara y, nosotros mismos, a saber también de qué se trataba. Había también otra persona, Manuel Terrazas, que estaba en el Movimiento Mexicano por la Paz (un viejo comunista maravilloso)… En fin, una serie de personas con una ideología muy clara y concreta, que acogimos a los compañeros. Rafael Aguilar Talamantes era el secretario general del partido en ese momento y se vinculó con ellos, también Graco Ramírez… en el ’78 tuvimos una asamblea nacional y tuvimos representación saharaui y ya en el ’79 se estaban logrando los acuerdos para que se reconociera al Frente Polisario y a la República Árabe Saharaui Democrática.

¿Y a partir de allí?

Las condiciones mejoraron, aunque no han sido todo lo favorables que quisiéramos pero, en diferentes etapas, ha habido mucho más trabajo, la sociedad de amigos se ha movido más. Llegamos a tener embajador plenipotenciario… y no sabemos exactamente si fueron movimientos de Marruecos o qué paso pero esto ha quedado en un primer secretario que, sin embargo, tiene todo el trato de embajador. En este caso, tenemos al compañero Ahmed Mulay Ali, que ha hecho un maravilloso trabajo a nivel de todo el país: se ha movido de norte a sur, al centro… lo ha hecho muy bien y la sociedad de amigos me parece que está funcionando bastante bien en este momento.

Ud. estuvo en los campamentos y eso da una visión mucho más acabada del tema saharaui. Si le tuviera que explicar a alguien cuál es la situación del Sáhara Occidental hoy, ¿qué le diría?

Le diría, antes que nada, que está conformado por un pueblo maravilloso. Un pueblo de una enorme fortaleza y claridad ideológica en cuanto a cuáles son sus objetivos primarios: el reconocimiento de su independencia, de su autodeterminación, de su territorio que está parcialmente ocupado por Marruecos y de sus derechos humanos. Esto es algo que se puede charlar con quien sea allí. A mí me tocó estar en el campamento 27 de febrero (ahí fue el II Congreso de Mujeres) y el pueblo está totalmente politizado, todos tienen en claro sus objetivos y saben que se necesita de un referéndum… eso es muy difícil de encontrar en cualquier lugar. Y esto lo puedes platicar con personas viejas, de mediana edad, jóvenes y, de alguna manera, hasta con los niños.

¿Cómo cree que se va a desarrollar el conflicto ante la alternativa de tomar o no las armas?

Lo veo muy preocupante. Muy preocupante… porque las condiciones en el mundo ya cambiaron también y los conflictos ahora se resuelven de manera muy violenta. Y Francia y Marruecos están muy decididos a no permitir que el Sahara se libere. Entonces, tomar las armas ahorita sería muy doloroso, muy peligroso creo yo. Aunque también puedo entender a la gente joven. En ese caso lo que necesitaríamos sería una enorme solidaridad y una cobertura a nivel internacional para no permitir que se vaya a hacer un genocidio. Porque eso es lo que puede ser.

¿Qué debería hacer América Latina y Caribeña para ayudar a encontrar una salida a esto?

El rol es muy importante, porque tenemos una historia en común con el Sáhara: la historia del colonialismo, de la conquista, de todo lo que estamos viviendo hasta la fecha con la penetración de la economía… Entonces, yo creo que el papel de América Latina es tener mucha conciencia de lo que pasa y estar muy pendiente, colaborando con que se conozca la problemática del Sáhara. Yo no sé… pero pienso que mucha gente estaría decidida a irse a luchar con el Sáhara. Estamos tan hartos en nuestros países de tanta injusticia y problemas que aparentemente no son los mismos pero sí… Su condición en los campos de refugiados que están en Argelia yo diría que es hasta a veces mejor que la condición de la pobreza extrema que vivimos en América Latina. Porque allá (y tengo que decirlo muy especialmente sin un afán feminista) el país está organizado por las mujeres: la educación, la salud… Es decir, el pueblo saharaui ha aprendido en todo este tiempo a autogobernarse. Claro: hay una cabeza, está [Mohamed] Abdelaziz y el Frente Polisario… pero el pueblo saharaui tiene una conformación comunitaria muy fuerte histórica, ancestral, que es lo que ha permitido que a pesar de las terribles condiciones en que se vive, estén saliendo a flote y los niños sigan yendo a la escuela, sonriendo y jugando. Eso lo viví, lo vi, lo palpé, lo compartí… Lo que me queda -y lo comparto con otras personas que conozco- es que la vida es antes y después del Sáhara. Yo estaba involucrada en la lucha saharaui desde los años ’70 pero estar, comer, dormir ahí, compartir un congreso con las mujeres y con mucha gente solidaria de otros países, fue una experiencia maravillosa. Pero también una experiencia de vida que te marca, por lo que implica como ser humano ver la fortaleza, la valentía, la certeza que tiene la gente de que va a ganar la lucha, porque está convencida de cuáles son sus objetivos. Sabemos que los intereses que se mueven son muy fuertes… muy fuertes… pero yo me pregunto si la comunidad internacional va a volver a permitir que una lucha tan justa como la de la RASD no triunfe. Es decir, permitir un conflicto armado y propiciar que se venza al pueblo saharaui por medio del genocidio…

¿Cómo hace Luisa para romper el otro muro, el muro del silencio, en su tarea cotidiana como actriz, en el ámbito de la cultura y en la docencia?

Dar a conocer qué es el pueblo saharaui, vincularlo con gente sensible, comprometida con las mejores causas de la humanidad; se supone que el arte y la cultura es lo que eleva al hombre y, a partir de ello, he buscado que la gente conozca… la Embajada me permite acceder a materiales que yo distribuyo, algunos compañeros han hecho viajes a los campamentos porque nosotros les decimos lo importante que es… Y trato de ser solidaria en todo lo que puedo (a veces no puedo tanto como quisiera); en una época estuve comprometida en una porcentaje enorme de mi vida con la lucha del Sahara pero la propia carrera, los compromisos y la maternidad me hicieron entrar a otras dinámicas. Pero ese muro se puede romper, por supuesto. Lo importante es que tengamos claro que todos los días se puede dar a conocer qué es la lucha del pueblo saharaui, en algún lugar. Nosotros acabamos de hacer un encuentro iberoamericano de la voz y la palabra organizado por una escuela que dirijo y, por supuesto, estuvo invitado el embajador y se habló del Sáhara; y en la declaración final se menciona la lucha del Sáhara, como un pueblo que comparte con nosotros la lengua española.

Ud. en una entrevista dijo, hace un tiempo, que conocer al pueblo saharaui le había servido para descubrir ciertos aspectos de la condición humana que si se los hubieran contado, hubiese dicho que eran mentira. ¿Cuáles son esos aspectos?

La enorme solidaridad ante todo. Ver a la gente que es capaz de quitarse el bocado de la boca para dártelo a ti porque has ido a solidarizarte con ellos. En las casas en las que estuvimos se nos cuidó como a hijos: se nos alimentó, se nos hizo estar contentos. Por eso rescato tanto la alegría: porque recuerdo las miradas, las sonrisas de hombres y mujeres. Y la disciplina: una disciplina personal, una capacidad de vivir con carencias pero, aun así, disfrutarlas y adaptarse a ellas no abnegadamente sino con realismo, sabiendo que así tiene que funcionar y así funciona. La esperanza… todo eso es lo que admiré, me sorprendió. Y en muchos momentos he pensado, ¿qué pasaría si los que estamos afuera de esos territorios tuviéramos un poquito de esa fortaleza, de esa capacidad solidaria de los saharauis y de esa claridad política de todos y cada uno de los que conforman ese pueblo? Nuestros países serían totalmente diferentes. Eso fue lo que encontré.

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Desde el periodismo, Blanche Petrich sobre su visita a los campamentos de refugiados: “Tiene algo ese viaje, que imanta y engancha mucho a la gente con esa causa, precisamente por ser tan evidentemente justa y por estar tan silenciada”

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B. Petrich en su oficina de la redacción de “La Jornada”

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Experimentada periodista de temas internacionales y corresponsal en lugares y momentos difíciles, Blanche Petrich es otra de las personas que, con su trabajo, contribuyó a las relaciones entre los pueblos mexicano y saharaui. Clara, concisa, sin vueltas, así nos cuenta su historia.

¿Cómo comienza su relación con la cuestión saharaui?

En realidad, viene de los primeros escarceos diplomáticos del Frente Polisario en México, justamente para dar el paso al momento del reconocimiento del Sahara Occidental como país, al establecimiento de relaciones. Vino entonces Bujari Ahmed, quien con un carisma y una energía similar a Ahmed [Mulay Ali], llegó aquí. En ese tiempo estábamos en otro periódico (el “Uno más uno”) que tenía toda esa vocación de cubrir y promocionar los derechos de los pueblos, la autodeterminación… Y lo hacíamos en todas las latitudes, entonces, hubo una empatía con ese tema. En ese momento, justamente un argentino, que era el jefe de información internacional del “Uno más uno” (Oscar González, “El Gallego”), viajó a los campamentos y conoció la experiencia… Fue en aquella época en que fue Joan Manuel Serrat y otros tantos. Tiene algo ese viaje, que imanta y engancha mucho a la gente con esa causa, precisamente por ser tan evidentemente justa y por estar tan silenciada. Por tratarse de un proceso de descolonización de obvia resolución, es un tema con el que conecta muy bien la prensa cuando llegas sin intereses, de una manera transparente. De regreso [de Oscar González] y al leer sus reportajes, me emocioné con el tema y, como yo era reportera de la fuente diplomática, cubría sistemáticamente la Embajada saharaui. Era un tema atractivo, una constante en mi trabajo.

¿Cómo continuó esto que relata?

Después vinieron conflictos de otras latitudes: la insurrección en Nicaragua, los conflictos de El Salvador… y nos fuimos perdiendo un poquito de ese tema. Bujari se fue y el tema quedó latente: siempre aparecía pero hasta ahí… Ahora, cuando llega Ahmed con esta gran capacidad de trabajo, hace un recorrido por los medios de comunicación y la verdad es que logra “reclutarnos” a un montón y genera muchísimas simpatías…

¿Y ahí se produce su viaje a los campamentos?

Me parece que fue en el segundo viaje que organizó Ahmed, creo que en 2005 (¡Ya diez años, qué barbaridad! ¡Híjole!). Para un periodista, como materia prima de un reportaje, es como meter las manos a un tesoro. Todos los aspectos. Desde la sorpresa infinita del mundo desconocido del norte de África y la vida en el desierto, hasta las grandes sorpresas que tiene el tema del pueblo saharaui: su impresionante organización, sus mujeres, la profesionalización de sus jóvenes… Tanta cosa que tú conoces, muy impactante. Y eso, a mi regreso del viaje, generó al mismo tiempo un gran entusiasmo en el periódico [“La Jornada”, donde actualmente trabaja], que abrió un espacio nuevo. Creo que hice un reportaje en diez partes y eso no estaba permitido… Pero todo el mundo se prendió con la aventura de conocer el tema y, de hecho, estuvo con una “pestañita” en el on line durante años. Ya desapareció pero te lo digo porque no solamente fue un impacto para mí sino también para el periódico como medio. Y también fue muy fácil promocionar y contagiar de nuestro entusiasmo a periodistas de otras generaciones, de otros medios, que durante un buen tiempo estuvieron siguiendo esta huella: realizar ese viaje era ya como una peregrinación a la aventura, a la experiencia de solidaridad y al tema de conocer un proceso de descolonización trunco. A mí me impresiona muchísimo, que eso exista todavía.

¿Recibió presiones o algún tipo de convocatorias por lo que Ud. publicaba? Concretamente de la Embajada de Marruecos…

Concretamente fue. Sí. En un principio, el embajador marroquí pretendió hacer un desmentido a través de una entrevista conmigo. Yo le dije: “lo entrevisto pero no para desmentir lo que yo vi”. Entonces, él no aceptó la entrevista. Quería, más bien, que lo entrevistara otra persona. Entonces, el periódico no aceptó esa condición. Eso fue recurrente de la Embajada marroquí en varios temas que tocamos: cuando sacamos un reportaje de la comercialización ilegal de los fosfatos saharauíes igual hubo desmentidos… Sí… Es muy reactiva la Embajada marroquí. Están en su papel… Y, también, por otra parte, a través de un periodista marroquí, invitaciones… Pero es que yo estoy muy fogueada en esos temas, yo cubrí los conflictos centroamericanos: Nicaragua, El Salvador, Guatemala. Entonces, para mí todo eso es interesante y, por supuesto, hablo con todo el mundo pero es como que “me cacho las jugadas”.

¿Cuál debe ser el papel de los periodistas de América Latina en contribuir a la conclusión del proceso de descolonización?

En general, lamentablemente, priva el olvido, la ignorancia del problema, en primer lugar. Los medios de comunicación tienen una agenda que es dictada desde los polos de poder y, con las concentraciones de los consorcios que se van apoderando de los medios de comunicación, las agendas son cada vez menos plurales. Entonces, diría yo que hay una intención de poner poca atención -si no es que nula- en el tema saharaui. En América Latina -y México no es la excepción- estamos lejos, abrumados de otro tipo de problemáticas. Los que nos ocupábamos de asuntos internacionales ya no tenemos mucho espacio para ocuparnos de otros temas porque estamos con la agenda a full: veintidós mil desaparecidos en México es, como periodistas, un desafío gigantesco. Entonces, están estos problemas: el problema político de que hay una voluntad de silenciar y dejar en el olvido estos temas y un problema real de distancia y de otras prioridades que, juntos, hacen cada vez más difícil la tarea de que la información de la lucha de este pueblo en particular llegue a nuestras pantallas y micrófonos.

Su visión no es nada esperanzadora…

Lo que veo es que el trabajo diplomático de personas como Ahmed es cada vez más complicado. Tiene que tocar puertas e insistir muchísimo más porque de veras cuesta trabajo encontrar un espacio para atender estos temas. No quiero decir que hay que cerrar las puertas, de ninguna manera… al contrario. México tiene una rica tradición diplomática a pesar del régimen autoritario del PRI durante siete décadas. Quizás por su situación geopolítica de cercanía con Estados Unidos, la parte más rescatable del Estado fue que hubo diplomáticos con la visión necesaria para entender que había que buscar un contrapeso importante, para hacer sentir que existe una frontera efectiva en el norte del país que, de otra manera, hubiera anexado a México en muchísimos más sentidos a la potencia. Con esta consideración, México desplegó una diplomacia muy pragmática desde algún punto de vista pero también muy independiente, con unos márgenes de independencia sorprendentes. Esto hizo que se interesara por los procesos de descolonización; nunca se incorporó activamente en el Movimiento de los No Alineados, por ejemplo, pero siempre estuvo cerca. Nunca estuvo en la OPEP [Organización de Países Exportadores de Petróleo] pero siempre buscó, hasta cierto momento, manejar sus recursos petroleros con autonomía, honrando el tema de la expropiación petrolera de los años ’30 que es muy significativa para el pueblo mexicano, para el sistema mismo.

Lo importante fue el contexto, entonces…

Ese contexto es el que da pie al reconocimiento diplomático de la República Árabe Saharaui pero también a que exista una facilidad en la sociedad mexicana de entender las razones de un pueblo como el saharaui y sus reivindicaciones. Por otra parte, no sé de cuándo datan las relaciones diplomáticas con Marruecos. Pero sí quiero decirte que, si bien esta solidaridad con el pueblo saharaui era un hecho entendido por el gobierno mexicano y la sociedad mexicana, esta política exterior mexicana sufre una transformación y un debilitamiento muy graves e importantes, probablemente desde antes de los dos gobiernos panistas. El neoliberalismo, la afiliación del PRI a la ideología abiertamente neoliberal, un mayor pragmatismo hacia Estados Unidos, una voluntad de eliminar todo tipo de “irritantes” que pudieran haber en la relación bilateral, hacen que con un doble juego, un juego de cintura, se mantenga el tema del Sáhara y las buenas relaciones pero un poco “en el cajón”, lo menos visibles posible. Esto cambia con el presidente Vicente Fox (el primer gobierno panista), en donde el “cortejo” con el rey de Marruecos es muy evidente y el pragmatismo y el viraje hacia una política mucho más conservadora, mucho más de derecha y alineada a Estados Unidos, sí impacta esta buena relación. Los gestos fueron múltiples en el estrechamiento de relaciones con Marruecos y la diplomacia marroquí tuvo en México una “cancha más amplia” para hacer contrapeso a esta diplomacia de la solidaridad impulsada [por los saharauis]. Después vino el gobierno de [Felipe] Calderón, la emergencia y la tragedia nacional y todo vuelve a una situación de olvido. Es importante poner la mirada en esto porque tiene que haber como una especie de intento de rescate de la atención al tema saharaui. Sobre todo porque es un tema que se baraja en los foros internacionales y ahí está la solución.

¿En los foros internacionales está la solución?

¡Híjole! Ahí es donde no sé… Yo creo que sí. Dejar la diplomacia y la política de lado para la autodeterminación, el referéndum y todas las cosas que están pendientes como la denuncia del muro y evitar el saqueo del Sahara Occidental, no. Es importante una política mucho más activa y de denuncia en los foros internacionales.

¿Y la posibilidad de tomar las armas?

Yo recuerdo vívidamente cómo había esa impaciencia. Es un discurso recurrente. El problema es que yo veo un callejón sin salida ahí, en la vía militar. Entonces es muy preocupante, sobre todo en un área explosiva donde existen estos elementos del islamismo presentes: en la forma de pensar de los saharauis están totalmente ausentes estos fanatismos, estos fundamentalismos que preocupan muchísimo. Pero la desesperación, quién sabe qué pudiera producir. Por eso yo creo que las cartas políticas y diplomáticas son fundamentales.

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En la próxima y última entrega, abordaremos la cuestión de los lazos entre México y la RASD desde el asociativismo (en diálogo con integrantes de la Asociación de Amigos de la República Árabe Saharaui, AMARAS) y compartiremos la palabra de un saharaui radicado en México, donde obtuvo su doctorado y formó su familia “mexsaharaui”. Hasta entonces.

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* ESTE TRABAJO FUE REALIZADO A TRAVÉS DEL PROGRAMA DE BECAS ESPECIALES PARA PROFESIONALES DE PRENSA DE LA AGENCIA MEXICANA DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL AL DESARROLLO (AMEXCID) Y CONTÓ CON EL AVAL DE LA COORDINACIÓN DE LA LICENCIATURA EN RELACIONES INTERNACIONALES DE LA FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES, Benemérita UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA, MÉXICO.

 

 

 

 

 

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Un pensamiento en “México y la RASD: 35 años de relaciones diplomáticas y lazos culturales (II)

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