Té y cultura saharauis, al sur del sur…

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La Plata, 29/10/14, Por Luz Marina Mateo

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El pasado lunes 27 de octubre, la Cátedra Libre de Estudios sobre el Sáhara Occidental -Instituto de Relaciones Internacionales (IRI), Universidad Nacional de La Plata (UNLP)- participó en la III Bienal Universitaria de Arte y Cultura, con una jaima bajo el lema “El té saharaui como lugar de encuentro y transmisión de la cultura del desierto”. Además de compartir el té, hubo música, videos, imágenes y ropa típica, siendo la primera vez que se realiza una actividad similar en el país.

El encuentro contó con la presencia de la Coordinadora de Cátedras Libres de la UNLP (Universidad que posee casi cien cátedras de este tipo, siendo la del Sáhara Occidental única en el mundo), Mariana Álvarez; el representante del Frente Polisario y de la República Árabe Saharaui Democrática en la República Argentina, Salem Bachir; el joven saharaui residente en España, Sidahme Mamun Brahim y los integrantes de la Cátedra: Norberto Consani (director), Luz Marina Mateo (secretaria y docente) y Javier Surasky (profesor).

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El trabajo previo

Participar en la Bienal de Arte y Cultura de la UNLP es un verdadero orgullo y, más aun, ser la primera Cátedra Libre de la Universidad que lo hace en las tres ediciones que lleva el encuentro. El proceso previo a reunirnos en la jaima implicó la presentación de un proyecto que contenía detalladamente la actividad que queríamos llevar a cabo. El mismo fue evaluado y aprobado por un jurado de especialistas y, de ese modo, pudimos dedicarnos a preparar el encuentro.

Sabíamos que contábamos con las personas y las cosas necesarias para crear el clima que nos permitiese hablar de la cultura saharaui. Y nos lanzamos a ello. Primero fue el armado y ubicación de los paneles, la distribución de los objetos, la prueba de audio y video: lo de siempre en estos casos pero con la expectativa de saber que se hacía aquí, al sur del sur, por primera vez en la historia. Felizmente, contamos con todo el respaldo y el trabajo de Mariana Álvarez, que fue de un valor enorme.

Ya estaba todo listo. De fondo escuchábamos a Mariem Hassan, Aziza Brahim, Estrella Polisaria y otros artistas -saharauis y no- reconocidos por cantarle al pueblo saharaui.

Las imágenes recorrían su historia y su cultura: líderes y luchadores-as, vestimentas, paisajes y algunos sitios relevantes desde los puntos de vista histórico, social y cultural.

Poéticas del encuentro

La consigna general de la III Bienal (que se está desarrollando hasta el 1 de noviembre en más de 30 espacios de la ciudad) es “Poéticas del encuentro. Un patio, un zaguán, un rincón”. Por eso elegimos el té saharaui como lugar de encuentro en sí mismo: a lo largo de dos horas, nos reunimos en él a beber poesía.

La tarde muy calurosa nos hacía dudar sobre cuánta gente se acercaría… pero fueron llegando en la cantidad exacta que esperábamos. Un público de lo más variado en edad, nacionalidades (gente de Chile y de Colombia, por ejemplo) intereses y ocupaciones, fue recorriendo el espacio y haciendo preguntas sobre lo que veía. Javier y quien escribe estas líneas comenzamos con las primeras respuestas, hasta que arribaron los saharauis Salem y Sidahme, que eran los más indicados para hacerse cargo de esa tarea.

En el centro del aula distribuimos las alfombras y almohadones y, con total naturalidad, todos y todas nos sentamos allí, dejando las pocas sillas que había (liberamos previamente el aula de su estructura habitual) relegadas al vacío.

Salem abrió la charla realizando una breve contextualización del pueblo saharaui. Su historia, su lucha pasada y presente por la libertad y la autodeterminación, sus sufrimientos, logros y sueños. En un costado, Sidahme -vestido con su darrá- comenzó con la ceremonia del té. Al escuchar la primera nota musical nacida de la percusión del vaso contra la bandeja, todos los ojos se dirigieron a él, quien en voz baja comenzó con el relato totalmente desconocido para la mayoría de los presentes: amargo como la vida, dulce como el amor, suave como la muerte…

Y así nos fuimos trasladando al desierto y hablamos sobre poesía, artes plásticas, literatura, cine, comidas, creencias y géneros, explicando que todo está recorrido transversalmente por la situación de refugio, colonización, opresión, minas y exilio. Les contamos sobre FiSahara,  ARTifariti, “Por cada mina una flor”, la Escuela de Cine, la de Arte y la de Música. También sobre la Escuela Simón Bolívar, el Bubisher, Sahara Marathon y un sinfín de actividades que se realizan a lo largo del año.

Las preguntas, respuestas, reflexiones y silencios, cruzaban el ambiente como guirnaldas multicolores. El tiempo también había tomado su propio ritmo y latía a paso de hijo de las nubes. De pronto me di cuenta de que la realidad que esa práctica intercultural nos estaba imponiendo, exigía retomar un parámetro occidental: el IRI cerraba (ya entrada la noche) y el reloj nos decía que teníamos que ir terminando… hora de ponerse de pie.

Entre melhfas y darrás

Antes de relatarles lo que pasó con la vestimenta, les quiero decir algo sobre ella. Contábamos con tres darrás (de Salem, Sidahme y Javier), dos zam (de Salem y Javier), cuatro melhfas y un juego de collar, pulsera, anillo y aros -o pendientes-, de quien escribe estas líneas.

La historia particular la guardan la darrá y el zam de Javier, las melhfas y la bijouterie. Dos de las melhfas llegaron desde Cuba, como obsequio de saharauías que viven temporalmente allí. Una de ellas me recibió en su casa y ya tenía pensado dármela. La otra saharauía, al terminar la reunión que tuvimos con un grupo de jóvenes en la isla, de forma inesperada y siendo la primera vez que me veía, se quitó su melhfa, la dobló amorosamente y me dijo: “toma, esto es para ti”. Sin palabras.

Las otras dos melhfas, la bijouterie y el zam vienen de El Aaiún (capital del Sáhara Occidental) y la persona que hizo el envío -llamémosle Mohamed- viajó casi 700 kilómetros hasta Agadir, al sur de Marruecos, exclusivamente para no escribir en la caja lo que les obligan a poner a los saharauis en cada despacho de correo postal, sobre la pertenencia del Sahara.

Prendas con alma y memoria, llegaron cargadas de desierto y mares para ser compartidas en nuestra pequeña jaima universitaria. Invitamos a la gente a tocarlas y, a quien quisiera, a vestirlas y tomarse una foto.

Luego de explicar el significado de cada cosa, Salem abrió la ronda colocándose el zam en cinco o seis segundos: pero todos sabíamos que a quien quisiera imitarlo podría llevarle también cinco o seis… horas (salvo a Sidahme, claro), así que desistieron de colocárselo por sí mismos.

La darrá no presenta complicaciones -aparentemente- pero, la melhfa, les puedo asegurar que no es tarea sencilla si no se tiene práctica. Tocó explicar cómo tomar la pieza de tela para hacerse el primero de los dos nudos, las distancias entre ellos y el cruce final que es como una danza cuando se la vemos colocar a una mujer saharaui. Después, cada una se “apropió” de una melhfa (se iban turnando porque no eran suficientes) y trató de hacer lo mejor que pudo. Algunas pidieron ayuda, otras no… y a tomarse la foto. Todos-as sabíamos que lo que había allí no eran simplemente telas, sino un pedazo de mundo que lucha por no ser silenciado.

Gracias por venir

Hermosa jornada en la que, parafraseando a un conocido proverbio saharaui, se habló a quienes comprendieron las palabras. Pero el agradecimiento no es solo a quienes estuvieron presentes, a Salem y a Sidahme (que creo que jamás en su vida imaginó estar preparando un té público en estas latitudes) y a la UNLP. También va nuestro enorme “gracias” a un grupo de gente de tres continentes (África, Europa y nuestra América Latina y Caribeña), que colaboró con imágenes que nos cedieron ahora o en otro momento (especialmente a Carlos Cristóbal que nos proporcionó la mayoría, incluyendo la del volante promocional de la jaima). A quienes nos permitieron con sus obsequios hacer posible la muestra y a quienes nos asesoraron sobre ciertas cosas como la “bijou”, como fue el caso de la periodista Ebbaba. A Julieta, que aportó material técnico y, por último, gracias a usted, lector o lectora, por compartir con nosotros este relato algo extenso, en tiempos en que la prisa impide detenerse a construir conocimiento aprehendiendo distintas vivencias, cosmovisiones y esperanzas.

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